jueves, 23 de abril de 2009

Mr. Hyde

Nunca pensé que ese cuerpecito con cara de manso cordero escondiera un premeditado buscador de despechadas; lo cierto era que yo podía estar triste, pero nunca despechada.

Él era un amigo de hace mucho tiempo, con quien por coordinación o coincidencia, salimos una vez por año a algún bar a tomar algo y reírnos con la gente con quien nos habíamos reunido. Debo decir que siempre que nos habíamos juntado la había pasado muy bien, no en el sentido gilero, si no simplemente habían sido salidas divertidas.


Cuando conversé con él y quedamos para salir no pensé en nada más que en eso: Diversión para distraerme; y en ese momento realmente necesitaba despejar mi mente de cualquier asunto que implicara una pareja, que mejor que salir con él a webear.

Un año antes, habíamos coordinado igualmente una salida a algún bar, sólo que en aquella ocasión en mi camino se cruzó alguien con quien yo había deseado durante mucho tiempo tener algo más que un beso, así que bueno... los amigos siempre pueden ser cancelados cuando uno va en búsqueda de ese otro tipo de amor.

Lo llamé y le dije que iba a ir al bar ese con el chico de los besos, que dicho sea de paso, era amigo de Mr. Hyde también; en un inicio pareció que no le gustó mucho, para luego decir que no había problema pues otros amigos en común también estaban yendo. Finalmente, no fuimos al bar a darles el encuentro, pues bueno... teníamos cosas mas interesantes que descubrir.

Cómo había dicho antes, yo andaba triste, pues el chico de los besos ya no pasaba a besarme más; así que en esa época trataba por todos los medios de olvidar esos húmedos episodios, aunque sea por unas horas, que eso no me estaba sucediendo. A pesar de ser todos amigos en común, salí con el firme propósito de no mencionar al chico de los besos ni una sola vez y tan sólo concentrarme en mi y en lo que este amigo tenía para contar.

Estaba emocionada debo decir, no por verlo, si no porque hacía tiempo que me había auto recluido para pensar en lo que pasaba y por primera vez en muchos meses tenía algún deseo de salir. Pensé que estaba bien pues iba a conversar con alguien que me era algo familiar y a quien no consideraba faltoso para nada.

Mr. Hyde me recogió de casa, a la cual me acababa de mudar hace muy poco con unos amigos, lo hice pasar, se la mostré brevemente y nos fuimos a tomar una chela en algún bar cercano.

La conversación empezó bien, contándonos en que trabajábamos en ese momento, que habíamos hecho en todo ese tiempo que no nos habíamos visto; las chelas siguieron llegando hasta que nos aburrimos y decidimos irnos a otro bar; así que enrumbamos a Barranco y aterrizamos en La noche, en donde para suerte mía, había un concierto de covers de Oasis, así que mientras hablábamos y pedíamos cervezas más, yo iba cantando mientras el me preguntaba que quienes eran esos (Oh! sacrilegio musical... aunque sea por cultura general no?).

El problema en ambos sitios era que de alguna forma u otra el quería tocar el tema de mi ex besador; y yo simplemente no quería, pues era precisamente para eso que había salido, para no pensar en él. Pero ahí estaba incisivo Mr. Hyde, recordando viejas anécdotas comunes, salidas que ellos habían hecho en las que yo no estuve presente.

Por un momento me dejaba embelesar por las historias, me daba ternura conocer momentos de la vida de una persona a la que yo, hasta ese momento aún, amaba tanto; pero claro, llegaba un punto en que yo no quería seguir escuchando más, así que usaba la experiencia para cambiar la conversación hacia algo que yo había hecho sola y así poder desviar al conversación. Pero no, el la traía de vuelta a cada momento, cada vez un poco más pesada que la vez anterior, contándome detalles que no quería saber, entremesclándolos con otras cosas para que pareciera más amigable lo que decía.

Ya no se cuantas chelas habían caído en nuestra mesa, pero yo luego de cantar tanto tenía ganas de bailar y en La noche no se podía... así que decidimos cambiar de bar e irnos al Tizón y allí caímos, no sin previamente, tener que escuchar nuevas historias de mi ex, esta vez, historias que yo sabía eran definitivamente falsas, no sólo de él y si no de toda su escueta parentela.

¡Qué hijo de puta!- pensé, ¿para qué me dice esto? Yo no quería escucharlo, no sólo por no querer saber nada más del chico de los besos, si no porque las personas de las que Mr. Hyde hablaba eran personas a las que yo también había amado (y amaba) mucho. No sé por qué seguí escuchándolo, creo que sólo para convencerme de que realmente no estaba diciendo esa cantidad de sandeces.

Cuando por fin se fue callando y yo reaccioné de las cosas que el iba diciendo, le dije que yo nunca había tenido ningún roce con aquellas personas, que por el contrario siempre me habían tratado muy bien y que yo tenía muy buen recuerdo de ellos. Si eran así o no, a mi no me importaba, pues finalmente conmigo, ellos habían sido la amabilidad y el amor encarnados.

Se quedó en silencio un momento, como queriendo decir algo más, pero bueno... ya habíamos llegado al Tizón y me metí más rápido que volando a bailar, el compró una chela más y empezamos a bailar como si nada hubiese pasado, Yo quise hacer caso omiso a lo que había escuchado antes, quise pensar que fue la embriaguez que le había cruzado las ideas.

Eran como las 4am y ya todo cerraba; yo estaba aceleradasa y me hubiese quedado bailando 2 horas más, pero ya cerraban todo y no había donde sentarse a tomar una gota más de alcohol. ¡Pucha yo quería seguir chupando! me dijo, a lo que yo contesté: si quieres compramos unas chelas y la seguimos en mi casa.

Yo no pensé en el trasfondo que tenía mi proposición. Recontra ilusa.

Siendo completamente honestos yo sólo pensé: Hay que seguir cheleando, en mi casa se puede, vamos pues... eso fue todo; no pensé en que "vamos a mi casa" a cierta edad significa "duerme conmigo", menos aún cuando en toda la noche no habíamos tenido ni un roce de manos, ni un acercamiento, nada de nada... para mi, en mi cabeza con mucha chela encima "vamos a mi casa" significaba: "vamos a seguir cheleando". Creo que no hace falta decir que aceptó inmediatamente.

Al llegar a mi casa, pusimos las chelas en la mesa, me senté en otro mueble y me di cuenta que el trayecto en taxi a mi casa me había dado sueño. Pestañeé un poco, me froté los ojos y el ya estaba al lado de mi tocandome el cabello. Yo retrocedí medio cuerpo y le dije: ¿que pasa, estoy despeinada o que?, el se rió y me dijo: Si... mientras pasaba con suavidad su mano por mi mejilla con esa cara con sonrisa de "No te preocupes, soy amigable, no vamos a hacer nada que no quieras" que ponen los hombres cuando quieren acostarse con alguien (Y todas sabemos que es una estrategia muy usada cuando quieren hacer precisamente lo que ellos quieren).

Retrocedí la cara, mi incomodidad era obvia... no únicamente por la situación a la que me había auto expuesto, si no porque al tocarme tuve una sensación horrible, "manos de muerto, sin nada para dar" pensé. Creo que más que la situación fue eso lo que me molestó en realidad.

Las imágenes que tuve cuando me tocó fueron muy feas, debo decir que nunca nadie al tocarme me había dado esa sensación de vacío y malintencionado... no hace falta decir que ipso facto se paré para alejarme; sólo atiné a decirle: Tengo hambre, voy a prepararme algo, ¿tu quieres algo? y caminé hacia la cocina.

Mi reacción fue muy obvia, su cara y su molestia tan bien lo fueron. No, me contestó; yo me preparé un sandwich y me senté a comer mientras él trataba de esconder la cara de cojudo que tenía.

- Ya me voy, dijo el.
- ¡OK! Nos vemos... le dije abriéndole la puerta.

Cerré la puerta, suspiré, me embutí el sandwich, prometí no volver a salir con él nunca más.



martes, 21 de abril de 2009

Sol y las señales

El día que Sol se encontró con él volvió a convencerse de que lo imposible siempre es posible. Él estaba parado frente a su puerta esperándola, ella lo miró sintiendo que no era verdad lo que pasaba frente a sus ojos. Ahora si te volviste loca, pensó dudosa hasta que él se acercó a abrazarla.

Ella, como un maniquí inmóvil se dejó abrazar y volvió a mirarlo para asegurarse de que era cierto, había sido un día en el que ya no estaba segura de nada.
Sol siempre había creído que las señales del destino estaban por todos lados, pero cuando tuvo que cerrar un millón de historias al mismo tiempo pensó que había vivido engañada todo el tiempo.

Estoy viendo lo que quiero ver, se dijo Sol una y otra vez cuando caminaba por alguna calle al azar y veía signos que parecían respuestas a lo que ella venía pensando. Es una coincidencia, hay muchas personas con su nombre, es la edad en la que todo mundo viaja y aquella es la ciudad de moda, repetía cada vez que volvía a darse cuenta de que cuando ella pensaba en él y en alguna pregunta aparecía alguna respuesta. Un cartel, un carro, un desconocido que le daba una frase como si supiera lo que traía en la cabeza.

Las señales no existen, se repetía Sol todos los días que salía a la calle, cuando se levantaba, cuando escuchaba la radio, cuando iba a clases.

¡No existen!
¡No existen!
¡No existen!


Todos los días eran una negación a eso que ella soñaba y ya no creía posible.

Sol estaba desilusionada, a pesar de conocer bien las razones y entenderlas, no podía creer como la magia en su vida había desaparecido así de porrazo, con una sola persona; una sola persona había hecho que ella creyera en lo imposible y a su vez, también había hecho que pensara que todo había sido una mentira. He vivido tanto tiempo engañada, que pérdida de tiempo.

Sin embargo las frases, los sueños, las personas, los niños, las canciones, las bancas de los parques... todo seguía apareciendo cada vez que ella pensaba en él esperando que este bien, en que lo extrañaba tanto.

Un día se sentó a leer el periódico en el parque y no pudo evitar ponerse a llorar, ¿Qué hago sola en un parque que me recordará siempre a él?¿Por qué me empeño en recordarlo si sé que él ya no se acuerda de mí? Repetía para si una y otra vez mientras se escondía tras sus lentes y su periódico humedecido.

Por un momento perdió la noción de lo que pasaba a su alrededor, sólo decía en su mente lo mismo una y otra vez: "No existe, no existe, estas loca, esas cosas no existen"; pensaba que la repetición de esas frases iban a hacer que de alguna forma se convenciera de que no había ninguna señal. Mientras repetía su mantra incrédulo, las lágrimas caían y ella no se daba cuenta de nada más, sólo pensaba que tenía que ser realista.

En ese momento sintió una mano en su hombro, volteó a mirar y se asustó al ver que un desconocido le sonreía. Antes de que trate de escapar despavorida le ofreció un librito diciéndole: "Aquel que sembró con lágrimas, cosechará con alegría". El hombre volvió a sonreírle y siguió su camino.

Sol miró el librito, una Biblia. La gente religiosa siempre quiere ser misericordiosa con aquellos que no conoce, balbuceó mientras volvía a abrir su periódico. Al hacerlo, lo primero que vio fue una frase de un afiche de una película: "Y las señales estarán en el mundo para aquellos que quieran verlas". Cambió de inmediato de página, pero ya no quería leer más, no quería ni pensar en lo que iba a decir la siguiente página.

Dobló el periódico en dos y caminó hacia la estación de bus para ir a donde sea, cualquier sitio era bueno en ese momento. Cuando subió al bus empezó a llover a cántaros, "lluvia de verano", se dijo mientras veía por la ventana como las calles pasaban casi tan rápido como sus pensamientos. Sol sabía que las lluvias de verano eran cortas y ligeras, pero esta parecía no querer irse nunca.

Al lado suyo estaba un muchacho que no dejaba de mirarla; a pesar de sentirse irritada por su constante mirada decidió no hacerle caso. El bus paró en la siguiente estación y subió una niña a vender dulces, cuando pasó por su sitio ella se negó con la cabeza y volvió a mirar las gotas que se escurrían por la ventana.

Sintió que el muchacho del sitio de al lado se movía pero no se inmutó con dicho movimiento, sus ojos estaban clavados en las gotas de lluvia ennegrecida de la ventana. De pronto ¡Bum! Una mano delante de sus ojos.

Ella retrocedió la cabeza con incomodidad, ¿qué le pasa a la gente hoy? Parecían decir sus ojos cuando los levantó para mirar a la niña que le ofrecía un dulce.

- Tomé, se lo manda el señor de allá - dijo la niña señalando al muchacho que estaba por bajarse del bus.
- Gracias, no es necesario, dijo Sol en voz alta mirando al muchacho.
El muchacho la miró y sólo le dijo:
- Tómalo, la alegría llega y la lluvia siempre se va.

Acto seguido, bajó del bus con la niña en medio de la lluvia y Sol se quedó con un dulce en la mano sin saber que decir. Miraba el dulce, no se atrevía si quiera a ver que era, de que estaba hecho o si le provocaba comérselo, sólo sentía impotencia de no poder deshacerse de esos pensamientos.

"Las señales no existen"
"Las señales no existen"
"Las señales no existen"

¿O tal vez sí?

Un momento de desconcierto la invadió por unos segundos... ¿qué esta pasando?¿Algo o Alguien esta tratando de convencerme? Me estoy volviendo loca, ahora si me volví loca.

La lluvia seguía cayendo y parecía no menguar con los minutos; ¡Que lata! ¡Ahora voy a llegar empapada a mi casa! Ojalá dejase de llover... Fue ahí donde pensó que se probaría a si misma que las señales no existen, "Que pase la lluvia, si de verdad algo va a cambiar que pase la lluvia", pero la lluvia pareció caer más fuerte en ese segundo.

Ya vez loca, las señales no existen.

Cuando empezó a pararse de su asiento para bajar, la lluvia empezó a menguar, primero de a poquitos y luego de golpe. Sol bajó del bus, dio unos pasos con miedo, miró el camino hacía su casa y vio al fondo un arco iris. Le cayó una gota de lluvia clara en la mejilla, se rió, abrió el dulce, se lo metió entero a la boca y caminó sintiendo que pronto algo estaba por cambiar.

Tiró el periódico al primer basurero que encontró, se quitó los lentes, se puso los audífonos y empezó a cantar como si nadie la escuchara. Por primera vez en mucho tiempo sintió un brillo de ilusión inexplicable; ¿Qué importaba lo que fuera a pasar? Seguramente iba a ser algo maravilloso.

Cuando dio la vuelta a la última esquina antes de entrar a su casa, empezó a buscar las llaves en su maletín, nunca estaban donde creía ponerlas. Apenas las encontró levantó la mirada para abrir la puerta y allí estaba él mirándola. Ella no se movió, no parpadeó, no dijo nada hasta que él se acercó y la abrazó.

El bajó la cabeza sin dejar de mirarla, sin decir nada. Sol volteó, tocó su mejilla y le sonrió sacudiendo las llaves en su mano, abrió la puerta y nuevamente, lo invitó a entrar.






miércoles, 15 de abril de 2009

Cuando ya no recuerdes

Búscame cuando ya no recuerdes el amor, yo sé que si me tocas podrás sentir eso que para ti ya no tiene nombre.

Cuando la urgencia sea mucha y no puedas más seguir sin saber como era esa tibieza, no des vueltas en tierras lejanas, toma el camino de regreso a donde puedan cuidarte para nacer de nuevo.

Yo te regalaré una lucecita para que veas el camino y mientras camine a tu lado tomaré de tu mano hasta que puedas seguir.

Y si alguna vez rezas o crees en algo, pide que no me haya ido para no volver, porque debes saber que aunque te ame no habrá mirada atrás si he seguido mi camino.

Si me he ido no pierdas la fe en que alguna vez encontrarás un amor que te cuide. No seré yo, nunca seré yo; nunca serás tú. Tu y yo sólo sucede una vez en la vida.

Por eso hoy estoy sentada con ropa nueva en la misma calle; si me ves y no recuerdas el amor siéntate a mi lado en silencio.

Sonríe para saber que eres tú, no importa si tu ropa esta sucia o si tu cabello no es el mismo, sonríe y mirame para reconocer esa luz en tus ojos.

Yo sabré mirarte y te regalaré una sonrisa (Porque no tengo nada más que mis sonrisas), para así juntos abrir el camino al infinito.

lunes, 23 de marzo de 2009

En mi cama

No podía dormir, sentada en mi cama te miraba envidiando tu sueño, tus ojos cerrados, tu respiración tranquila.

Me paré a tomar un té, era lo único pensaba en tomar en ese momento de estomago revuelto... todas las palabras, todos los besos, todos los recuerdos, todo de un sólo porrazo había hecho que más que mariposas en la panza pasara a tener dos millones de abejorros.

Puse a hervir el agua, regresé a la cama, tu volteaste y me abrazaste de lado como antes, con tu cabeza sobre la mia, con tus manos en mi pecho. Me sentí tan bien de tener esa tibia sensación en mi cuerpo. No pude evitar dormirme en blanco total, como si por primera vez en mucho tiempo descansara de verdad.

El ruido del hervidor me despertó, besé tus manos y las abriste, como si fueses un candado que se abre a besos, como si siempre hubieses conocido ese código secreto que me deja salir cuando lo pido con amor.

Camine hacia la cocina, me sentía aturdida, como si por momentos perdiera la visión y la noción de donde estaba. Saqué una taza, serví el agua caliente sobre el filtrante, eche dos cucharadas de azucar y mientras revolvía miraba el humo que salía de la taza pensado en que seguramente era la bruma, esa bruma que ves cuando empiezas a despertarte de un sueño; como esos sueños que tuve durante tanto tiempo.

Di un sorbo, me froté los ojos, te vi dormido sobre mi cama y caminé hacia ti.

Puse mi taza de té en el piso, me arrodillé sobre la cama y toque tu cabello con miedo, no por despertarte si no por pensar en que podía despertarme... pero no... estabas allí y yo miraba tus ojos, tus labios, tu barba crecida y tu cuerpo entre mis sábanas.

Acerqué mi rostro y casi sin tocarte olí tu espalda, como aquellas mañanas en que me levantaba para ir a trabajar y te despertaba para que me llevaras. Tu olor es un espectro que llena mi cuerpo, que me da ganas de morderte, besarte y abrazarte, que me mueve el vientre como para impulsarme a saltar.

En mi cama sentada con mi taza de té me di cuenta que ese sentimiento no se ha ido, es distinto, pero sigue dando vueltas tentandome a saltar al vacío. Sentada en mi cama, recé para que esta vez no me sienta morir en el camino, recé para no esperar más de lo que debo.

viernes, 13 de marzo de 2009

Sueño

Soñé que estaba defendiendo algo con un grupo de gente y tenía una espada. Veía a mi alrededor y habían más personas con sus respectivas espadas tambien, hablaban conmigo como si yo ya supiera que era lo que sucedía.

Esa espada es conocida para mi, es de un amigo al que no veo hace mucho, en el sueño yo sabía que el me la había regalado, pero no sabía en que condiciones.Yo desenvainaba la espada, la miraba por un rato, miraba la hoja, la empuñadura, miraba mis manos. A pesar de ser pesada podía manejarla, la miraba fijamente porque no la veía hace mucho tiempo, desde aquella vez que él me la enseñó.

Tuve miedo, pues reconocí que podía usarla, pero no recordaba como lo aprendí. Tuve miedo porque sabía que si la tenía era porque había prometido cumplir con algo, "Si tan sólo recordara qué es lo que es" pensé.

Me había regalado algo para defenderme, pero... ¿con que se defenderá él?

Estaba lista para pelear al lado de gente que parecía conocer, todos llevabamos las espadas en la espalda junto con unas mochilas negras.

Estábamos en una fortaleza donde había sol, sólo esperabamos el momento.

jueves, 12 de marzo de 2009

Hoy soy la mitad de Mi

De Roberto Gomez Bolaños

Hoy soy la mitad de mí
la mitad de mis entrañas
y mitad de las hazañas
que alguna vez emprendí.
Mitad de lo que antes fui.

Peregrino que se quedaa mitad de la vereda.
Candor de media poesia.
Calor de media bujía.
Valor de media moneda.

Mitad de los halagueños
proyectos que he forjado
y mitad de lo soñadoa la mitad de los sueños.

Soy mitad de los pequeños
residuos de mis ofrendas.
Inquilino sin prebendas
con la mitad de un hogar
que no tiene a quien contar
la mitad de sus leyendas.

Hoy soy la mitad de mi.
Soy la mitad de mis venas,
y soy la mitad apenas
de lo que hace tiempo fui.

La mitad de mi reproche
es la mitad del derroche
de lo que a medias tenía.
Jornada de medio día.
Descanso de media noche.

Hoy, la mitad de mi suerte
es una mitad perdida,
y la mitad de mi vida
es la mitad de mi muerte.

El destino me convierte
en fulgor de media estrella;
licor de media botellaa mitad de un frenesí.

Hoy soy la mitad de mi porque hoy me falta ella.

lunes, 2 de marzo de 2009

Old Date II

Habían pasado varios días desde aquella salida con el tío que conocí en la exposición de arte, pero desde aquel día entre las pinturas me había quedado una duda: ¿Porque mi amiga lo miraba así?.


No le gustaba, ya se lo había preguntado, sólo me dijo que ella creía conocerlo de algún lado; hasta que un día conversando me lo dijo: Ya se de donde lo conozco, el no se debe acordar porque yo era muy chiquita, pero creo que trabajaba con mi mamá. Mi reacción instantánea fue la obvia pregunta: ¿Tu mamá?; si, vamos a preguntarle.

Ipso facto llamó a su alegre progenitora y empezó a indagar, le dio nombre, apellido y descripción física, para que luego su mamá respondiera: Ah!!! Si!!.. ¡Ya me acordé! Claro, trabajaba conmigo, bueno... si estamos hablando del mismo. Fue allí que empezó la descripción (que más parecía una hoja de vida): Trabajaba conmigo en Coca Cola, era casado pero se divorció, no se bien porque pero todo mundo decía que su mujer le saco la vuelta pues el viajaba mucho, desde ahí no se le volvió a ver con nadie serio... un soltero empedernido.

Nosotras escuchábamos atentas como si estuviésemos escuchando una radio novela irrepetible, ella nos contaba la historia y nosotras nos mirábamos como pensando: ¿Estaremos hablando de la misma persona?, para luego preguntar: ¿qué edad tiene? Bueno, yo recuerdo que tenía como 3 años más que yo. Nos miramos en silencio, no sabíamos si reírnos o preocuparnos o qué... Su mama tiene 50.

Cincuenta y tres años, WoW! yo pensé que tenía máximo 40... nunca más de eso y bueno, 40 me parece razonable para mis 27 años... o me parecía, la verdad en ese momento todo era un poco incierto.

Como dije anteriormente, yo había decidido salir con el nuevamente si es que me volvía a llamar, pues a pesar de no convencerme del todo, la primera salida había sido entretenida; pero nunca tanto como llamarlo e invitarlo yo. Igual no se me salía de la cabeza; ¿53? La verdad me parecía imposible. No había otra forma de saber más que preguntándole, en el caso hipotético de que me llame y salgamos. Y así pasó, el tío volvió a la carga.


Había tenido un día horrible; en ese momento extrañaba horrores tener roomates para poder sentarme a conversar al llegar a casa. Y si llamo a la rubia? - pensé, No... esta en clases. ¿A quien llamo?... Ring! Si... era él, preguntándome si quería ir al cine.
- ¡Si! - Respondí mas eufóricamente de lo que debería. (Un error... pareció que estaba afanadaza y la verdad es que yo sólo quería conversar con quien sea)
- ¿Si? - Respondió a manera de pregunta maliciosa.
- Aja, ¿a que hora nos encontramos? - bajándole a la emoción.
- No te preocupes, yo te paso a recoger - haciéndose el galante.
- OK, nos vemos entonces. - tratando inútilmente de neutralizar la euforia anterior.

Me puse bien webera: cafarena de algodón negro, jeans, zapatillas verde militar y el pelo en una cola, a ver si así le bajaba el tono a la "emoción" de mi respuesta telefónica. Como antes, me llamó para avisarme que ya estaba abajo.

Cuando lo vi sus ínfulas de winner ya eran demasiadas, me arrepentí de haberle dicho que si, pero ya que chucha... ya estaba allí lista para ir, cancelar en ese momento era una ridiculez; además, ¿que de malo podía pasar?

Nos fuimos al cine, compramos las entradas para la película en 3D y empezamos a hacer un poco de hora antes de que empezara la película, yo me reía sola de unos chicos que estaban cerca:
- ¿De que te ríes?
- De esos chicos, están en otra totalmente y me da risa porque creen que pasan caletas.
- ¿Por qué?
- Porque están stonasos haciendo webadas y me da risa.
- Ah! osea que tu la conoces... bien ahh....

Yo lo miré y sonreí pensando en silencio: Looser (cantándolo un poquito)
- ¿Y que tal tu día?
- Mmmm... ahí no más, muchas cosas para hacer a la vez, pero bueno riéndome con mi amigo el chef, que molestaba diciendo que ya va a dejar de mandarme cosas porque dice que como mucho...
- No... ¡pero tu no estas tan gorda! - Dijo él mientras apretaba sus manos contra mi cintura.


Me quedé quieta en el pasillo mirándolo a los ojos con cara de "Eres un desatinado", bajé la mirada a sus manos, lo volví a mirar. Él dejó de tocarme, dio un paso hacia atrás y yo con una media sonrisa le dije:
- Para comenzar, no estoy gorda. (Lo pueden asegurar mi 1.66mt y mis escuálidos 54kg), segundo, no tengo problemas con mi peso y estoy bastante contenta con como me veo, tercero: al que no le gusta, que no me mire, es simple.

Tal vez fui un poco agresiva, no lo sé, pero en 1º lugar me pareció muy desubicada su respuesta y 2º ¿que le hizo pensar que podía tocarme y apretujarme así?.

- No te piques, no te piques... jajaja - Me decía medio riéndose.
- No me pico, pero es mejor que quede claro.
- Claro... pero igual tu estas muy bien...
- Gracias, lo sé - Le dije en tono burlón.

Entramos a la sala hablando de ya no se qué, nos dieron los lentes 3D, buscamos un sitio donde ver todo bien y nos sentamos a esperar a que empiece la película.

Ya viendo la película, todo estaba entretenido, había poca gente así que podía poner los pies donde quisiera y moverme como una niña en mi asiento mientras alucinaba a los dinosaurios en tercera dimensión. El aire acondicionado de la sala estaba algo frío, así que froté un poco mis manos; no tenía visión periférica por los lentes 3d y grande fue mi sorpresa al sentir que una manos tibias tocaban las mías.

¡Nooooooooo!.... ¿¿¿De verdad me estaba frotando las manos???; volteé, lo miré con la ceja levantada y sin una palabra retiré mi mano de las suyas. Se rió un poco, siguió viendo la película y al rato puso su mano sobre mi pierna y yo me quería reir de tanta ridiculez. Nuevamente, volteé a mirarlo, me quité los lentes, miré mi pierna, volví a mirarlo a él, se rió nuevamente, quito su mano y siguió viendo la película como si nada. Quería mandarle un lapo por baboso. ¿De verdad creyó que yo le iba a atracar con su estrategia de Richi Cunningham? AH!..... verdad que tenía 50. Bueno, nunca se lo pregunté, ya no quería saber mas, sólo quería irme a mi casa.

La peli terminó, me invitó a comer algo, pero le dije que no tenía hambre... así que salimos camino a mi casa. En el camino "se equivocó" de entrada y tuvimos que regresar y agarrar nuevamente el camino a mi casa, mientras yo miraba las casas, los árboles y la gente tratando de inventarme alguna tontería para que no hable ni me pregunte nada. Sólo quería llegar a mi casa.
Una vez que llegamos, no quería que me acompañara a la puerta, así que me despedí rápidamente de dentro del auto y cuando estaba bajando discretamente acelerada, escucho que me dice: Pero espera... te acompaño...

Damn!

Caminó conmigo hasta la puerta y yo buscaba mis llaves para poder acabar con la salida de una vez.
-Bueno, gracias por la invitación.
- No te preocupes... ¿cuando nos vemos?
- Ah.. no sé... voy a estar un poco ocupada... coordinamos

Abrí la puerta, me estaba acercando para despedirme y meterme ipso facto y me dice:
- ¿Cuando me vas a presentar a tu gato? (Estoy pensando seriamente si con gato se refería a alguna metáfora de doble sentido... la cara que tenía era simplemente para correrse...)
- Tal vez algún día lo baje y lo miras, no le gusta mucho la calle... Bueno, que estés bien...
- Nos vemos pronto entonces...
- Ok! chau!

Cerré la puerta y esta vez no quise saber mas de él. No, no, no.

La siguiente semana me llamó el Jueves un par de veces, no le contesté y no pensaba contestarle nunca más; sin embargo no conté con lo insistente que podía ser. La siguiente semana a ese jueves me llamó 6 días seguidos a la hora del almuerzo y de la cena, ¡Seis días seguidos!. Nunca le contesté y me preguntaba ¿por qué seguía llamando?.

Luego de esos 6 días de intentos dejó de llamar y me sentí aliviada, pero no contaba con su astucia... Un día saliendo de clases, saqué mi celular para prenderlo y Oh! sorpresa! Su nombre centelleaba en la pantalla.

NOOOOOOOOOOOOOOO. No contestar! No contestar!

Me dejó un mensaje diciéndome: Valeria, contestame cuando te llamo, Chau.

FUEEEEERAAAA.

No contento con eso, me llamó 1 mes después de esa última llamada mientras yo hacía unas entregas del trabajo. UUF!!!! me asusté horrible!!! ¿Cómo alguien a quien no le has contestado en 2 meses piensa que ahora lo vas a hacer?

Miraba a todos lados pensando que me había visto en la calle, la más paranoica, mientras seguía haciendo la misma operación: No contestar. Si me vio en la calle, espero que haya visto claramente que no le quise contestar. Después de eso, no volvió a llamar. Menos mal.

Creo que unicamente como para saber, estuvo bien, pero ya más allá... lo siento... no estoy buscando un padre.