Mostrando las entradas con la etiqueta Patas de araña. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Patas de araña. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de septiembre de 2012


 
Pienso que deben haber muchas razones que no me atrevo a imaginar porque pueden ser tan ingenuas como potencialmente terribles, me da miedo, me da miedo pensar que no pudo distinguir entre mi intuición y el terror a ser herida de nuevo.

Lo único que me aventuro a pensar es que cuando uno quiere algo, busca la forma de hacerlo posible. Ahí me duele, no hay deseo pienso. No debo esperar pienso. Yo quiero compartir pienso. Yo quiero enamorarme pienso. No hay con qué, no hay terreno para el amor en las ausencias.

A veces sólo hay personas que encuentras en el camino. Yo estaba en el camino, ya no lo estoy más. Tu tampoco. Tampoco buscamos un camino, tampoco lo hacemos. No hay senda compartida.  

No.

Yo espero el deseo, el deseo verdadero, el deseo que hace que uno imagine posibilidades. Yo quiero ser el deseo. Yo quiero ser la posibilidad.

Un portal.

Inmortal.

Infinito.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Infeliz

Yo nunca voy a perdonarte, he querido pensar que si, muchos días, todos los días, pero la verdad es que no. Eso no va a suceder.


He repetido millones de veces que espero que seas feliz y no es cierto, lo repito para no sentirme la infeliz que desea que pases por unas cuantas infamias, para tratar de poner en práctica ese discurso de poner la otra mejilla y en mis acciones seguramente va por ahí; pero en lo más profundo de mis entrañas espero que algún día, aunque sea por un ratito, sientas que lo que tienes no sirve para nada.

No te perdono, No. Y espero que en algún momento te pudras de dolor… ¡Ah no!, perdón… eso sería demasiado bueno, espero que te pudras en tus propias irresoluciones, vivir contigo mismo es más que suficiente.

viernes, 23 de septiembre de 2011

EL MIEDO

Todos me piden que dé saltos,
que tonifique y que futbole,

que corra, que nade y que vuele.

Muy bien.



Todos me aconsejan reposo,

todos me destinan doctores,

mirándome de cierta manera.

Qué pasa?



Todos me aconsejan que viaje,

que entre y que salga, que no viaje,

que me muera y que no me muera.

No importa.



Todos ven las dificultades

de mis vísceras sorprendidas

por radioterribles retratos.

No estoy de acuerdo.



Todos pican mi poesía

con invencibles tenedores

buscando, sin duda, una mosca.

Tengo miedo.



Tengo miedo de todo el mundo,

del agua fría, de la muerte.

Soy como todos los mortales,

inaplazable.



Por eso en estos cortos días

no voy a tomarlos en cuenta,

voy a abrirme y voy a encerrarme

con mi más pérfido enemigo,

Pablo Neruda.