lunes, 10 de noviembre de 2008

Unas señoras

Cuando era chiquita me encantaba mirar a las personas, todos se veían tan grandes y raros, unos más claros, unos más oscuros, altos o bajos; mirarlos era algo que me encantaba hacer y mi calidad de niña me lo permitía, los niños tiene permiso para ver sin ofender.


El mejor lugar para ver gente de todos los tipos, colores y tamaños era el mercado, aunque debo decir que no me gustaba ir del todo... el olor de todo mesclado con todo, el agua con tierra, hojas y sangre, los ruidos del afilador, del pollero, del zapatero, los gritos de los que ofrecen sus productos... simplemente demasiada información. Aún así, a mi me gustaba ver gente, así que si me ofrecian acompañar a alguien al mercado, iba contenta para ver a las personas y concentraba mi mentecita para no ver (u oler) todo el rededor, debo decir que no siempre tenía éxito.


Un día mi abuelita me dijo que nos ibamos al mercado, yo que andaba bien aburrida me paré y fui andando rapidito. Ese día agarré muchas papas, jugue con el arroz, salté los charcos de agua con sabrá Dios que (ya desde aquellas epocas me daba wacala los liquidos de dudosa procedencia) y vi mucha muchisima gente extraña en un día de sol, pero sólo una ha quedado en mi memoria hasta el día de hoy: La señora de las polleras grandes y ojos negros de buen cordero.


Ya ibamos saliendo del mercado cuando mi abuela se acordó de algo que le faltaba, así que fuimos a una de sus caseras cerca de la puerta de salida, mientras ella conversaba como siempre, yo me puse a jugar con un saco de lentejas que estaba a mi altura, super ensimismada con la sensación de tener un montón de circulitos corriendo por mis manos. Fui saliendo de mi concentración por las lentejas en el momento que sentí que alguien me miraba, en un inicio no le hice mucho caso pero fue inevitable cuando ya todos me miraban, ahí deje de jugar y fui a ver que era lo que decia mi abuelitaa esas señoras.


Eran 3 señoras conversando, mi abuela, su casera y la mama de la casera, una señora calladita y mayor, que usaba una pollera gigantesca y rechonchita, con la piel quemada por el sol y unos ojos negros tan buenos que daban ganas de abrazarla. ¡Qué linda su nieta! decía la casera, mi abuela se regodeaba en el comentario mientras contaba lo buena niña que era, yo miraba a la señora calladita que estaba sentada frente mio; yo la miraba, ella me miraba a mi.


La mirada de la señora me daba una sensación extraña, no era miedo, tal vez un poco de curiosidad, sólo me daba ganas de mirarla sin razón alguna y ella no tenía problemas en dejarse mirar, eso siempre me ha gustado de las personas. Parecía que la curiosidad era mutua.


Cuando ya se acababa la conversación entre la casera y mi abuela, ella me tomó de la mano y me dijo que me despidiera. Yo levanté la mano y en ese momento la señora de la pollera habló: Es una niña con suerte, su niña tiene estrella. ¡Ay si! decía mi abuelita mirandola a los ojos con algo de seriedad, yo ya no sabía a quien mirar, las dos se veían especialmente interezantes.


Antes de que mi abuela siguiera avanzando, la señora empezó a buscar algo en sus polleras, tomó mi mano y sobre ella puso una muñequita roja mientras me decía: para que me recuerdes. Yo volteé a mirar a mi abuelita para pedir persmiso y recibir algo de un extraño; ella asintió y yo agarre bien la muñequita. Abrí la mano y era chiquita hasta para mi manito, ¡estaba tan bonita!, toda de color rojo con líneas que formaban su pelo, falda y manitos. Volví a cerrar la mano, le agradecí y pegué la muñeca a mi barriga, realmente me había gustado mucho.

Tuve esa misma sensación de la señora y la muñeca  hace unos días mientras estaba en La Pava comiendo con un amigo y volví a tener la misma sensación con 3 mujeres que estaban comiendo en otras mesas, una joven y las otras 2 ya bastante mayores.


Supuestamente, ibamos a salir a correr... pero mi amigo llegó tan tarde que a mi ya me había entrado la sensación desertora... asi que aunque sea para conversar un rato, nos fuimos a comer algo, reirnos de la flojera y engordar la panza un poco.


Ya sentados en la sanguchería, entró una chica como de mi edad con un señor que parecía ser su papá. Es linda - pensé- y seguí comiendo mi pan con pavo, pero luego de eso ya no podía seguir... trataba de hablar con mi amigo pero la mirada me taladraba la sien... así que volteé a mirarla para ver que era lo que tanto miraba, tal vez la conocía, tal vez tenía changos en la cara... que se yo. Allí nos quedamos unos segundos, mirándonos a la cara sin hacer ningún gesto, levanté una ceja, hice una media sonrisa, ella me sonrió de vuelta y cada una volvió a la conversación en su mesa.

Mi amigo se fue al baño y se demoraba un poco, volteé a mirar si venía y vi a 2 señoras sentadas en la barra conversando. ¡Que lindas! - pensé- Yo quisiera ser así con mis amigas cuando sea viejita, salir a comerme un sandwich recontra taipa y conversar de tonterias, que dulzura. Justo cuando mi amigo salía del baño ellas voltearon y me vieron; fue allí donde regresó la sensación de la niñez: Empezaron a mirarme, comentaron entre ellas y me miraron nuevamente.

Ok, de hecho tengo changos en la cara... ya 3 personas en el mismo restaurant es demasiado. Mi amigo se sentó y le pregunté:

- ¿Tengo algo en la cara?
- No, ¿por qué? contesto con extrañeza.

- Porque ya van 3 personas que me miran fijamente como si tuviera algo raro.

- Bueno aparte de andar siempre despeinada, no creo que haya ninguna novedad.


No reímos y seguimos hablando, comiendo como chanchos el par de sandwichs gigantes que habíamos pedido. Las miradas seguian allí, pulsando como si esperaran que volteara o algo así, simplemente decidí ignorarlas.


Ya cuando ibamos a terminar, tuve esta sensación en el hombro, esa de cuando sabes que alguien se acerca pero no volteas a mirar, sabes que esta ahi, que ya viene, pero te quedas quieto; ¿por qué iba a quedarme quieta? Volteé a mirar y me encontre con las dos señoras que iban saliendo de La pava, las miré a los ojos y les sonreí, ellas sonrieron, cerraron los ojos, asintieron con la cabeza y siguieron caminando, no sé si se sintió más como un saludo o un reconocimiento. Fue sólo un segundos, esa sensación... ni si quiera se como explicarla.


Luego de eso las señoras voltearon y saludaron con la mano a la chica de la otra mesa, ella las saludó de vuelta con una sonrisa mientras ellas seguían su camino. Yo me quedé pensando unos segundos hasta que mi amigo volvió a hablarme:

- ¿Qué raras no?

- Si... un par de brujas.

Nos reímos volvímos a nuestra conversación.

martes, 28 de octubre de 2008

Old date I

Salí con un tío x, que conocí en una expo de pintura y digo tío porque era así, un tío con la edad suficiente para ser mi padre... aunque no tenía la cara la verdad, me sentí un poco engañada... jajaja ¿Cara de cuantos tenía? no sé como de 40, me pidió mi teléfono, se lo dí y ya pues, me llamó un día.


Me llamó varios días, no se... no tenía muchas ganas de contestarle; veía su nombre en el celular y pensaba ¡Manya, otra vez! y desviaba la llamada al buzón. El tío siguió llamando y luego de un par de días pensé que no perdía nada contestándole. Él me invitó a salir, le dije que no podía, que tenía una semana a full. Ok, te llamo después me dijo.


Y si, de llamó después... una, dos, tres veces, seguía sin ganas de contestarle; de verdad tenía la esperanza de que se aburriera y no me llamara más, pero bueno... a la cuarta vez ya me pareció faltoso no contestar, aún así al invitarme nuevamente le volví a decir que no, la verdad es que muy entusiasmada no estaba.


¿Qué tienes que perder? me dijo una amiga, sal con él y si no te gusta no sales más... Es un buen punto, pensé. Y volvió a llamar y yo continuaba sin querer contestarle y bueno, igual le contesté le dije que no podía pues estaba en el trabajo y creía que iba a salir tarde (lo cual era cierto), el me dijo que me llamaba más tarde para ver si terminaba y me pasaba a recoger.


Y así lo hizo, me llamó cual reloj apenas ponía un pie en la casa:
-Hola, y sigues trabajando?
-No... acabo de llegar a mi casa.
- Entonces... salimos, vamos a comer algo.
- Ok, pero dame unos 40 minutos que tengo que hacer unas cosas.
-No te preocupes, báñate y cámbiate tranquila.
- Eeehhh.... Ok.
- Te recojo y nos vemos.
- Ok, chau.

Odio cuando los hombres que no son tus novios oficiales te dicen esas dos frases juntas, fácil es idea mía, pero siento que al decirte "cámbiate" me quieren decir ponte bien para alucinarte y peor cuando dicen "báñate", que me hace pensar que quieren tenerme lista a su gusto por si es que les liga un sex date. Tal vez todo hubiese estado bien si es que me hubiese gustado con locura, pero este ciertamente no era el caso.


Y me cambié, me puse algo webero, me solté el cabello, me puse unas balerinas y cuando guardaba mis cosas en la cartera... ¡Ring! era él de nuevo... ya estoy bajando le contesté y él soltó una risa nerviosa.

Nos encontramos, me dio un abrazo como si nos conociéramos de toda la vida, subimos a su auto y fuimos en busca de un restaurante que nos gustara a los 2. La verdad es que a mi me gusta que escojan los restaurantes a los que voy y eso fue mas o menos lo que hizo él, preguntó que me gustaba y nos fuimos.

Luego de pasearnos por 2 distritos, terminamos en un sitio nuevo de comida orgánica muy lindo, la comida estuvo realmente deliciosa y la conversación estuvo bien, debo decir que la pasé bien conversando con este tío. Quien lo hubiera dicho... yo que iba con el prejuicio máximo. Lo poco que pude saber de el es que tenía un negocio propio (No se de qué), que estaba remodelando su casa y que tenia un pez que se llamaba Survey.


Sin embargo, casi toda nuestra conversación se vio interrumpida con llamadas de mi trabajo; era una semana complicada, no podía no contestarles. Fue allí que preguntó:
- ¿Siempre es así en tu trabajo?
- No, es sólo que tenemos una semana complicada y me da cargo de conciencia no ayudarlos.
- Que trabajadora...
- No sé... ellos también me ayudan a mi, pero digamos que esta es la razón por la que nunca me llevo el nextel a casa...
- ¿Que no?¡Uy! ¿Y ahora como voy a hacer para llamarte en las noches?
- Pues buena suerte...

Nos reímos y no pude evitar que pase por mi mente: ¿Qué le hace pensar que vamos a empezar a llamarnos en la noche? Segundo, yo nunca le dí el número del trabajo, así que la verdad no tendría que poder llamarme allí y tercero, yo estaba siendo bien pesada con él, yo no me llamaría de vuelta. Pero en fin... cuestión de gustos.

Me dejó en mi casa, me acompañó hasta la puerta y se puso en posición de gil Holliwoodense (léase con voz grave impostada):
- Entonces ya nos vemos...
- Ehh.. si.. conversamos... que estes muy bien.
- Tu también.
- Ok!, Chau!
Cerré la puerta y subí corriendo a mi casa como si el tío estuviese atrás de mi persiguiéndome, entre a mi casa y pensé que menos mal que se había terminado.


No se bien como explicar la sensación de ese momento, si bien es cierto me había divertido, tenía esta leve sensación de rechazo hacía él; fue una salida interesante por la conversación, el sitio y la situación, pero había algo que no me convencía del todo. Normalmente con otra persona y en una situación así hubiese pensado: ¡Mostro! ¡ojalá que salgamos de nuevo!; pero ahora era un: Estuvo bien... si me llama fácil salimos y si no pues bueno.


Al no entender bien que era lo que yo quería simplemente me fui por la vía de la costumbre: 1º salida interesante = 2º salida. La sensación estaba diciendome algo y sólo por esta vez, decidí no hacerle caso.

Necesidad de palabras

Tal vez tus palabras de despedida son necesarias o es sólo que yo me resisto a creer que luego de tu partida no tenías nada que decirme.

No puedo creerlo, nada... nada que decirme; ni adiós, ni olvidame, ni ya no puedo seguir hablando contigo, simplemente nada. Sólo silencio.

Se que el silencio es totalmente explícito, pero lo siento, mi cerebro necesita palabras, hay una brecha que no termino de llenar y que ya no es de tristeza, ni de te extraño, es simplemente la pregunta ¿de verdad no tuviste nada que decirme?¿nada? ¡UF! Siento que es como pretender abrir la ducha y que nada quede mojado, a mi punto de vista es simplemente antinatural, demente, dañino y opresivo. Es como guardar algo podrido y esperar que no estalle.

Con ese concepto acerca de tu silencio debo decir que entiendo que debo seguir adelante con lo que tengo; lo que tengo ahora es mucho mejor de lo que tenía antes. Esta cosquilleante sensación de satisfacción diaria es mucho mejor que los lánguidos momentos de alegría ofrecidos con tacañería por la vida que llevaba.


En mi caso, toda la putrefacción hizo ebullición, burbujeante se deslizó por cada sitio posible. Maloliente erosionó a esta contenedora que lo aprisionaba. Siento que en todo este tiempo he vomitado todo el gris que tenía encima, lo he vomitado en todo sentido imaginable. Grite preguntándome por qué me pasa esto a mi, lloré y lloré horas que parecían interminables hasta quedarme exhausta, sólo para volver a levantarme y seguir llorando, como una zombi, con ese olor a rancio que tal vez sólo yo sentía y que me hacía darme cuenta de ese mal que salía de mis poros, sin sabor, con el cerebro desorientado, sin vida. Caminé, troté y corrí hasta sudar horriblemente, hasta ser el rojo andando, hasta que el latido acelerado empujara cada gota de sudor fuera de mi esperando que este se llevara el virus abominable encarnado en mi cuerpo.

A pesar de saber que aquello inservible para hoy ya esta fuera de mi aún sigo sintiendo esta necesidad de palabras, tengo una necesidad inútil de palabras.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Un adiós tardío




Hace algún tiempo que escribí esto en un cuaderno, creo que lo he tenido guardado macerándose... esperando que tome forma. Hoy siento que es un buen día para postearlo y cerrar un ciclo autoimpuesto con fecha predeterminada por un suceso.


No hubo un momento explícito para decir todas las cosas que tenía guardadas para esta persona, pero un día saliendo de una clase simplemente fluyeron por mis manos tal y como quería decirlas, sin dolor, sin resentimiento, con el entendimiento y claridad que durante mucho tiempo me hizo falta. Hoy me queda claro que ni si quiera es un adiós para él, es una forma de cerrar mi propio círculo.


Ahí va.




En medio del parque, con el mar y las cometas, estoy por darle fin a esta historia. No es que ya no la desee, es que es momento de seguir adelante. Quisiera creer que todo este tiempo tambien pensaste en mi, pero la esperanza narcisa no me lleva a ningún lugar; por eso es momento de ponerle fin a esta historia.


Todo este tiempo he mantenido nuestra historia en un limbo, sin saber que hacer, sin saber si enterrarla, si sufrirla, si olvidarla, si llevarla conmigo para siempre, si odiarla... sin saber... pero sabiendo que algo tenía que hacer.


Hoy se que enterrarla, odiarla u olvidarla es imposible, sería como hacer todo eso conmigo misma, pero lo que si puedo hacer es dejarla ir. El amor entre dos personas solo sirve en el presente, sólo sirve en los breves segundos en que la respiración del otro esta cerca. En mi presente, yo respito para vivir, para renovarme, para mi.


No se si te dejo o me dejaste o nos dejamos, pero se que el pasado no regresará y aunque lo hiciera, en estos momentos no me serviría para nada. Se que el amor que me diste contruyó un lazo que me mantuvo unida durante la tempestad y eso vale más que una pena, mucho más que un adíos.


El amor que me diste llenó vacíos, curó heridas, abrió puertas, me mostró caminos inesperados, me enseñó a dar sólo por la alegría de hacerlo. Por eso no te espero, porque se que el amor que te di lo hice desde el mejor lado de mi corazón sin esperar que me lo devuelvas, no volverá a ser igual en ningun momento. Tu y yo nunca volveremos a ser los mismos de ese parque.


Ya se a que se refería esa vocecita cuando caminabamos por el parque camino a mi casa la primera vez que nos besamos... "No hay regreso Valeria, no hay regreso"... claro, mi amor se iría contigo, no regresaría nunca, soy yo la que tiene que sembrar uno nuevo con el que yo recibí; uno que no eres tú, pero que lleva lo mejor de mi en cada hoja. Se que tu tambien harás lo mismo cuando sea el momento, usted siempre será un guerrero protector, estoy segura de que la persona que escoja será muy feliz a su lado.


A pesar de ser una de las cosas que más quiero en la vida, renuncio. Me despido agradeciéndote por el tiempo, por el amor, por la paciencia, la dedicación, las palabras, el entendimiento, los buenos deseos. Me despido deseando que el camino que escogiste para ti sea el que te haga feliz en la vida, el que te lleve a crecer, el que muestre con humildad la maravillosa persona que eres.


Te agradesco por hacerme entender que es importante luchar por los sueños, por cuidarme, por mostrarme que el amor es posible cuando te comprometes a cuidarlo, por mostrarme que en el mundo si hay personas que se aman a pesar de todo y de todos, por hacerme sentir parte de una familia.


Te agradesco por haberme abierto el corazón, por haberme amado como lo hiciste, por haberme hecho entender que si puedo amar una persona, por creer en mi y mis mágicas historias, por contármelas, por verlas conmigo, por hacerme ver cosas que yo pensaba no eran importantes.


Cuanto me hubiese gustado decirte todo esto cara a cara, palabra por palabra, pero ambos sabemos que eso no va a suceder en un futuro cercano; por eso me despido con un abrazo a la distancia, estoy segura que de alguna manera podrás darte cuenta. Quiero decirte que siempre estuve escuchándolo todo, cada palabra, incluso aquellas que me hacian daño sin querer y a pesar de eso puedo decir que haberte conocido sólo me ha hecho crecer, me ayudaste a construir la persona que quiero ser.


Adios Sergio Emilio, fue un placer haberlo tenido en mi vida.






martes, 30 de septiembre de 2008

Ya no la busco


Ya no, ya no, ya no.

Puede quedarse con sus mariposas en donde se haya escapado
Ya no voy a buscarla.
Me quedaré enhebrando de noche y tejiendo de día
La próxima vez no necesitaré de su calor.

Ella siempre regresa a endulzarme
Ella siempre regresa con una flor para mi pelo
Ya no voy a buscarla
Ya no voy a esperarla
Me quedo a querer lo mio
A pintar mis cajas y limpiar mis ventanas

Y ahora que no la busco, se acerca, me mira detrás de las plantas, me sonríe.
Yo no la miro, sé que me engaña.
¿Ay si tan bonita no?
Tan amigable...
Dónde habrás estado cuando yo recorría de noche los parques.
Mentirosa, no te quiero.
Mis días simples son más lindos sin buscarte.

A pesar de mi negativa, esta en todos lados
Yo cuestiono su constancia.
Que ahora te sientes a tomar el té conmigo no significa que antes no serviste a la amargura
Si vienes eres bienvenida
Mi casa esta abierta para lo lindo y lo feo

Camino sin pensarla y me da cosquillas
Ella calladita me sigue sonriendo
Ahora que no la busco se sienta tranquilita
Me mira, se rie
Me rio

Tonta,
¿porque te fuiste?
Yo te extrañaba.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Mi amigo imaginario





No sé a cuantos les pasó esto, creo que todavía no conosco a alguien que como yo haya tenido un amigo imaginario. Dicen que los hijos únicos son los que generalmente tienen uno, bueno... yo tenía un hermano y además un amigo invisible.

Mi amigo imaginario se llamaba Paul (Como se pronuncia en inglés) y no era mi amigo, era mi esposo, por los menos eso es lo que decía de niña. Yo jugaba con él y me acompañaba en todas mis travesías por la casa de mi abuela haciendo maromas. Debo haber tenido alrededor de 4 años y se lo presentaba a toda mi familia.

Mi esposo Paul decía yo... mi mamá, mi tía y mi abuelita se reían de mi: "Seguro es un hombre de pelo en pecho" decían burlándose. Yo no contestaba, me parecía raro que ellas no pudieran entenderlo o verlo, él era un niño como yo, pero era mi esposo.

Mis recuerdo de Paul son muy vagos y claros a la vez, lo digo así porque no recuerdo su cara, su voz o que era lo que decía, pero si recuerdo su forma, su pelo lacio y cortado parejito, su chompa azul con rojo, sus pantalones claros, su paradita de niño bueno al lado de mi cada vez que lo presentaba a alguien; recuerdo haberlo amado mucho... como no... era mi esposo.

Cuando escribo esto no se si es algo que en verdad recuerdo o algo que me inventé en algún momento para acompañar mi recuerdo de espacios de juego y conversación.

No sé bien cuando empecé a verlo, pero si recuerdo bien cuando dejé de hacerlo. Un día en la cocina, jugaba en el piso con Paul, mi mamá se acercó y me pregúnto que hacía:
- Juego con mi esposo Paul - le contesté
- ¿Donde esta?
- Ahí.
- ¡Pum! Lo maté - dijo dando un pisotón.
- ¡Noooo!

Me puse a llorar instantáneamente, ¡Lo había matado! ¡Ya no estaba!. Mi mamá se reía creyendo que se trataba de un juego. Luego de eso sólo recuerdo el piso rojo, la pared beige donde se suponía que estaba y la sensación de haberlo perdido.

Ya no esta, lo mató, quedé viuda.

Es increíble como los adultos no pueden entender el juego, es una pena... realmente se pierden de mucho. En estos días en que vuelvo a tener la energía de antes me doy cuenta de que la gente realmente piensa que estoy un poco loca porque canto o porque me divierto jugando mientras hago mi trabajo; y ¡ojo! No juego y dejo mi trabajo, trato de convertir mi trabajo en un juego que es distinto, me imagino a la gente haciendo cosas sin sentido para cumplir su cometido, me rio por montones, me gusta pensar que muy en el fondo la gente tiene esa chispa de emoción con las cosas que hace.

En mi mente de adulto a veces extraño ese desdoble de imaginación infantil, que es como algunos días lo entiendo; aunque debo decir que algunas veces me encuentro hablando como si alguien me contestara, claro esta vez sin rostro ni cuerpo que pueda ver, sólo la vocecita.

Me leo y me pienso esquizofrénica.... jejeje bueno, por lo menos, hasta el día de hoy las vocesitas no me han pedido que mate a nadie o que me tire de algún lado, sino todo lo contrario. Aunque algunas veces no he podido entender a que se refieren, con el tiempo ha tenido sentido. No sé ni porque estoy contando esto... hehe... por alguna razón me entraron ganas de recordar a ese niño visible sólo antes mis ojos y que ahora recuerso con mucha ternura.
No sé si es que yo entienda el mundo de una forma distinta, la afirmación la siento un poco narcisa, me queda muy claro que no soy como el resto de las personas, bueno... nadie es como nadie, saberme especial me alegra la vida; todos los días juego a que brillo y que cantando les regalo un poquito de polvo de estrellas... ¡Me volví campanita! hahaha... jugar sin pensar hace que me enfrente al mundo de una forma distinta; me gusta creer que eso aprendí con mi "Esposo Paul", que jugaba conmigo, hacia maromas, me acompañaba y se paraba como niño bueno, que no cuestionaba mi existencia y yo no cuestionaba la suya.
Para jugar no es necesario entenderlo todo, en el mundo no es necesario entenderlo todo, sólo necesitas imaginarlo, creer que es posible y lanzarte a hacerlo. Que nadie pueda entender el proceso no significa que no pueda existir.
Que suerte haber tenido a Paul.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Un poema de Manuel Scorza


Lo encontré, me hizo recordar una conversacion en el parque con mi abuela, mientras le enseñaba el nuevo piercing que tenía en el ombligo (y que ya no tengo dicho sea de paso):

¡Cosa preciosa! ¡Que maravilla!, mientras abría los ojos con alegría y juntaba sus manitos arrugadas como si aplaudiera; Hijita para ustedes ya no importa lo que digan, ustedes son libres... para luego mirar hacía el piso con ojos de recuerdo melancólico.

Volvió a mirarme, me toco con el dedo el ombligo y me dijo nuevamente: ¡Uy! ¡Aprovecha!, Ustedes son libres.

Ojalá esas palabras no se me olviden nunca.

UNA CANCION PARA MI ABUELO
ABUELO:

Tú nunca fuiste feliz.
Temías que el viento
desbaratase tu corazón de ceniza.
Te recuerdo una tarde negra,
diciéndome con voz blanca:
ojalá no seas,
como yo, un hombre triste.

Abuelo:
la vida te parecíaun pozo de malos sueños.
Cuando pensabas en la abuela
te quemaba una hoguera sin luz.
Y Juan el herrero,
y Pedro el sembrador,
(pájaros huesos
con quienes conversa tu lengua de hierba),
también creían
que la vida es un sueño confuso.

¡Qué lástima abuelo,
que no supieras que la vida tiene otro color!

¿Me oyes, me escuchas?

La tristeza va a morir.
Ahora cuando la alondra
surca el cielo,
algo rosado empapa el alma,
porque el ave
viene del color que tendrá la vida
cuando los humillados alcen la cabeza
y partan la dicha
en pedacitos que alcancen para todos;

¿Me oyes, me escuchas?,
ardiendo
está el mundo donde te ahogabas.
Perdona, pues, si te dejo,
pero me llaman, necesitan
mi mano para formar una ronda alrededor del mundo.

Más luego volveré.

Cuando la Libertad abra sus alas
sobre mi país desesperado,
volveré.

Volveré con todos los nietos del mundo
en primavera, y abuela
y María y Paloma, todos los días vendremos
a regar la parcela de alba que nos toque.